un día..

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Acá el post inspirador de las siguientes líneas:


Blog de Tzitzi <- eso es un hipervínculo

Bueno. Algo más sobre Tzitzi: además de aventurera (pues, como leerán allá, anda por Rusia), es políglota de vocación y la única real y verdadera poeta/escritora/comosediga que conozco de carne y hueso. A veces tengo la ligera sensación de que conocerla es como haber dado con Tolstoi o Withman y no haberse dado cuenta porque... pues a la vista y en la plática eran de carne y hueso...

En fin. Aquí el rollo. LEAN PRIMERO EL POST DE TZITZI para que entiendan qué onda con lo que acá escribo.

En general la pregunta misteriosa de este post es: ¿qué es el verdadero amor? Pero bueno... la pregunta, así, suena muy estúpida. Como leerán en el blog de Tzitzi ella busca "morir de amor". Y el mantra que habremos de repetir es "algún día, algún día". Yo tengo muchos más años que Tzitzi, y por eso mi "algún día" desespera. A mi alrededor veo que no existe ni el "morir de amor" ni el amor eterno, ni el verdadero amor...

no... falso

Están él y ella. O la fábula que me he inventado sobre "él" y "ella". Sobre ellos que mueren de amor uno por el otro, porque uno dejó todo por el otro...

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Me pregunto por qué alguien lo dejaría "todo" por ella. O por qué él lo dejaría todo por alguien. O por qué alguien lo dejaría todo por alguien. O por qué él lo dejaría todo por ella.

Luego me doy cuenta de que todas son fabulaciones mías. Acaso algunas inferencias extraídas de dos o tres datos accesibles en Google, un que otro comentario cachado en el msn de amigos míos, un chisme por acá, un encuentro fortuito ya todo sobre-interpretado por todas las inferencias... y mi telenovelezca y culebrosa mente.

La pregunta central es por qué alguien lo dejaría todo por alguien. Pero aquello es abstracción de la fábula que hice sobre él y ella.
Y me lo pregunto porque alguien no lo dejó todo por mi. Ni siquiera dejó algo por mi. Y porque quise dejarlo todo por él. Y porque, quizás, lo único que queremos todas las niñas es alguien que, al menos en potencia, lo deje todo por nosotros. O de menos admita el óbolo de dejarlo todo por él.

Pero he aquí lo falso de todo: "morir de amor por alguien" no es lo mismo que "dejarlo todo por alguien". O ¿acaso sí? o ¿en realidad nadie deja "todo" y ahí se halla la clave del éxito de morir de amor?

La fábula es la siguiente: ella tuvo que mudarse. Y él dejó mucho porque ella lo era todo y se mudó con ella. Y vino a una tierra extraña a comenzar desde cero. Y una vez que comenzó –pues el final feliz estribaba todo en el feliz comienzo de comenzar, aunque fuera desde cero– todo comenzó a ser cuento de hadas.

Bueno. No es que dejara "todo". Porque él –según mi fábula– tenía la posibilidad de llevarse, cual caracol, todas sus inversiones vitales sobre la espalda. Y así, en cualquier lado que llegara podía instalar su despacho filosófico sin, en realidad, perder mucho. Pero no era tan fácil: encontrar trabajo en una tierra extraña con su muy extraña idiosincracia, no resultó tan sencillo e inmediato como quizás pareció al principio. Pero resultó.

La Fortuna obró de tal manera que, a pesar de las dificultades que el viaje impuso, pudo volverse a establecer... con ella, que lo es Todo.

Pero la Fortuna a veces es mala. Y no deja que uno pueda morir de amor de esa misma manera. Pues ¿qué tal si la vida de uno de los álguienes consistiera en el viajar, y la vida del otro estuviera absolutamente enraizada ahí, donde nació? ¿qué, si ocurre que "casa" para ambos tiene referentes absolutamente distintos?

En mi fábula de él y ella, quizás lo afortunado es que "casa" se volvió, para cada uno de ellos, el otro. Y que "casa" pudo sustraerse de la tierra de origen. Pero hay historias donde cada uno tiene su "casa". Y así, ¿cómo mudarse?

Yo, por ejemplo, añoraba y añoraba que "él" (mi él, no el él de la fábula) me viera como su casa. Y quería verlo como mi casa. Quise que ambos tomáramos esa "casa" y nos fuéramos por el mundo entero. Pero ya desde el principio debí saber que aquello era imposible. Para él "casa" es un recóndito lugar donde nadie penetra, resguardado por su madre, sobre Avenida Universidad. O quizás soy injusta. Quizás simple y llanamente "casa", para él, no soy yo. (Y más vale que me haga a esa idea, no sea que, un día, descubra que halló en su "ella" nueva una casa).

"Morir de amor" es encontrar en los ojos del otro la propia "casa". Y encontrar esos ojos, y ser encontrados por ellos es, creo, algo demasiado escaso en estos días. Así que habrá que irse acostumbrando a poblar la propia casa con los propios cacharros... y llenarla, quizás, de gatos.

Pero aceptar que ese es el futuro que nos espera ¿quién? ¿quién es el valiente que se traga semejante pastillota? ¿quién se niega a repetir el mantra de Tzitzi antes de tragarse semejante destino?


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Ella es su casa. Por eso el muere de amor por ella. Y ella es más casa que todas sus patrias...

(ésa es mi fábula)