HOY ES 8 DE MARZO, DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER TRABAJADORA.
TAMBIÉN DE LA MUJER CHINGONA.
MUY SIMBÓLICO EL DÍA DE AYER, POR CIERTO...
Yo sabía cómo se llamaba a causa del primer intento que hice por leer un libro en Alemán. Aquella vez fracasé con todo lo que estaba en alemán. Sólo entendí "Eltern"... pero el libro traía algunas palabras en castellano: unas palabras de Borges y el nombre de Margarita.
En aquellos breves momentos en que me "enamorisqué" (que para colmo aquello hacía corto circuito con mi apasionamiento por Valerio) moría por saber cómo era... físicamente, pues. Por mi mente pasaron todo tipo de rostros, edades, estaturas, complexiones, etc.
Finalmente el "enamoriscamiento" se declaró platónico, y entonces mis devaneos con Margarita se volvieron literarios. Y escribí un cuento donde la protagonista era justamente Margarita... en mi cuento tenía unos 13 años y... algún día lo publicaré. Era un cuento bonito.
Pero hay que aclarar una cosa. Hace algunos muchos años yo ya había escrito el cuento donde la protagonista era Margarita, justamente. Era mi nombre favorito para mis heroínas; así como el nombre favorito para mis héroes era Manuel. Así que recordé aquél viejo cuento y ahora, con rostros -o la carencia de ellos- quise reescribirlo. Pero ya no podía. En aquél cuento yo era Manuel, por supuesto, y mi amor muy posible (digo, por eso era hombre en mi propio cuento) era la misteriosa Margarita. Pero en el cuento tenía yo 17 años -y al escribirlo, pues igual- todo ocurría en la preparatoria... y pues no... no... tantos años de distancia, tanta vida... tanto olvido entre aquella frescura del cuento y la yo de ahora... ¿cómo?
Pero finalmente el enamoramiento remitió totalmente. En parte porque hubo un intento inconsciente de mi parte por hacerlo ver, en parte porque hubo un ¡NO! demasiado sutil, pero suficientemente claro. Y, en parte, porque la afabilidad y la cercanía desbarataron todo velo capaz de sostener tales enamoramientos.
(Con Valerio fue otra historia muy diferente porque ahí no hubo ni declaraciones ni negativas: todo se volvió una especie de juego que lo volvió todo irreal y divertido... pero luego les cuento esa historia).
El caso es que, a partir de entonces, todos los "personajes" del enamoramiento platónico se diluyeron y este pobre blog se quedó, como se habrán dado cuenta, un poco abandonado (y hasta fue "tomado" por treintañeros y solteros cuarentones y... bueno, ya se saben la historia).
Pero hace años, cuando acababa de aprender qué era la materia non-signata, me divertía pensando en que mis dos amores platónicos tenían esposas non-signatas: yo sabía que estaban casadísimos, pero ni idea de cómo eran sus señoras esposas. Luego me enteré de sus nombres (¡ja! curiosamente del otro nombre también fue en una dedicatoria de un libro).
Pero un día ambas se revelaron muy signatas y corporales.
Primero conocí a Claudia (y, para mi tremenda sorpresa, acabó moviendo todas mis fibras bi... ejem... ambidiestras... ¿cómo les digo? ejem...).
Y hoy conocí a Margarita.
Y la situación fue tan inesperada y tan "extraña" que, en ese momento, lo único que pude sentir fue una especie de empatía extrañan. No me pregunten: no tengo idea de qué fue lo que pensé... o sentí, más bien... les digo: una especie de empatía. De "¡mucho gusto!"
---------------
Dos cosas he aprendido durante los casi tres años de este blog.
Primero, que hay que irse a vivir al mundo real. Y basta de enamoramientos platónicos (¡bueno! ¡ténganme piedad! ¡ambos además de ultraguapísimos resultaron producir en mi el tan temido síndrome de "transferencia"!)
Segundo, que de ese par de señoras me queda muy claro algo: son unos mujerones. En ninguno de ambos casos puede decirse "detrás de un gran hombre..." y pelotudeces similares. Porque están a la par de sus maridos: unos varonazos. Y que de ello he de aprender una cosa: yo también quiero ser un superlativo... y quizás entonces encuentre a otro superlativo. Y si no, pos no y tan, tan.










0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada