
(sé que me estás mirando... los dos, alguno de los dos, o ninguno de los dos)
(hago como que me oculto detrás de frondosos zarzales. Me desnudo con cuidado no sin antes haber vuelto la cabeza para asegurarme de que no haya nadie al rededor. Contengo la respiración y paralizo el corazón: aguzo el oído para adquirir plena certeza de que todo crujir de ramas proviene de los pájaros y las ardillas. Hago todo el esfuerzo por asegurarme de que nadie me ve... de que nadie me oye. Y luego me desnudo y entro al agua. Pero en el fondo, muy en el fondo, cuando me zambullo hasta adentro del riachuelo, sueño que estés ahí -alguno de los dos, los dos o ninguno de los dos- y que me mires... y que te dejes seducir por los fantasmas que la luz, hecha toda de colores, partículas y ondas, te llevan a los ojos)


Miradas indiscretas
|
0
comentarios
|
Suscribirse a:
Entradas (Atom)





